Diástole-Sístole

¿Y esa sonrisa de ojos?

11/1/08

Razón por encima de todo


Después de que pasaron más de tres meses sin escribir nada (miles de pendientes y corazoncitos en post-it no cuentan) he decidido quitar del abandono a mi blog.

Desde hace años me ha estado dando vueltas en mi enmarañada cabeza cómo es que las relaciones amistosas y amorosas de alguna forma permanecen en uno sin posibilidad de olvido. Coincido totalmente con Arjona de que “el estar ausente no anula el recuerdo”, y no es que uno lo busque, la ironía es una de las características de nuestra vida.

He tenido reencuentros con amigos, conocidos, cómplices, y todos ellos han resultado amorosamente deliciosos. Contar las historias del pasado y reírnos de ellas, recordar tan vívidamente que el corazón se apretuja, tiembla, se desinfla y al final se expande con suspiros y añoranzas incluidas.

Muchas veces nos imaginamos “lo que hubiera sido”, pero luego nos damos cuenta de que quizá no era el momento, el lugar, la disposición, la tolerancia. Muchas de las decisiones las tomamos por miedo al fracaso, al qué dirán, pero sobre todo a la incertidumbre. Luego también se toman otras decisiones más pensadas, con determinación y con madurez, que te llevan a los lugares conocidos en los que ahora te encuentras y dices: “creo que no me fue tan mal”.

Pero ¿qué es mal y para quién?, ¿cuándo definimos lo que nos debe resultar bueno o malo?, ¿quién nos hace ese daño limitativo? ¿Tendremos remedio y cuál será? Son muchas preguntas que no tengo claras, y aunque trato y trato los sentimientos se cruzan y luchan entre sí y no llego a conceptos claros inteligibles, se quedan en marañas de ideas, sólo eso.

Luego nos preguntamos ¿qué sigue? Y normalmente no tenemos respuesta porque dejamos que el tiempo siga su curso y nos lleve a cuestas. Podemos tener algunos planes para obtener más dinero, para comprar una casa nueva, un carro, o cosas que simplemente deseamos, pero ¿a dónde queremos llegar con ello?, ¿cuál es el verdadero plan? Muy en el fondo del corazón tenemos sueños clandestinos, pero por el mismo temor no nos permitimos abrazarlos, cuidarlos como si fueran diamantes, sin darnos cuenta que éstos se pueden volver carbón como su origen.

En los últimos años he tratado de ser valerosa e intrépida y trato de vencer mis temores: he ido a ver las ballenas, aún cuando le temo a los diminutos peces; escalaba en enormes rocas y le temo a las alturas; entro al baño del terror sin prender la luz, sin pensar siquiera que pudiera salir la niña del Aro… Hago e hice estas cosas y soy fuerte… Pero ¿qué botón tengo que presionar para que la clandestinidad deje de serlo y sea realmente un plan de vida?

Creo que por hoy son más preguntas que argumentos… Pero me las dejaré de tarea porque aquí la valentía no llega… Vuelve la vulnerabilidad y de nuevo todo se enreda y retuerce como lombriz en limón, y empieza la razón a dominar por encima del corazón…

4 comentarios:

  • A las 6 de marzo de 2008, 4:20 , Blogger Ernesto ha dicho...

    La razón da orden a nuestras vidas, delínea un camino que abate riesgos y sobresaltos; propicia estructura. El corazón, el corazón da trascendencia y sentido, da vida a la existencia misma, nos llena de pasión y vértigo bamboleándonos entre riesgos y sobresaltos; propicia momentos inigualables que se recuerdan de por vida.

     
  • A las 6 de marzo de 2008, 16:17 , Blogger Ernesto ha dicho...

    La razón te permite hoy conocer la historia de los siguientes 10, 20 o 50 años. El corazón, el corazón te da certeza de estar vivo pero a su vez no te permite saber ni lo que pasa en el propio segundo de existencia.

     
  • A las 6 de marzo de 2008, 16:21 , Blogger Ikita ha dicho...

    Y la locura desorden amigo!!!! Pero a veces disfruto la locura :D

     
  • A las 6 de marzo de 2008, 17:34 , Blogger Ikita ha dicho...

    Tendré que darte la razón...

     

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