Seguimiento al “caso”
Me había negado a escribir sobre esto porque creo realmente que hay cosas que es mejor olvidar. Sin embargo, lo tomaré como parte de una terapia. En mi última semana de vacaciones de verano entraron a robar a mi casa. Esas cosas que uno no se espera cuando sientes que la casa es segura, que hay suficiente vigilancia, que hay rejas suficientes para alejar a quienes gustan gastar su vida tomando lo que no les ha costado ganar (al menos no de la manera convencional). Mi primera reacción fue de enojo, pasé luego a la tristeza de saber que había varios objetos que me hubiera gustado conservar por toda la vida. Luego llegó el miedo, ese que me obligó a instalar alarmas, rejas más resistentes que, aunque feas, me parecía que podrían mantenerlos fuera un poco más de tiempo. Sin embargo, por las noches permanecía despierta por largas horas, luego, cuando conciliaba el sueño, cualquier ruido del exterior (hasta el de un gato tenor o un viento inoportuno) hacía que me levantara a revisar –por...