Diástole-Sístole

¿Y esa sonrisa de ojos?

28/5/09

Uno no puede exagerar con el IMSS

Hoy, pese a todas las veces que he jurado que no volveré, fui al IMSS.

Tenía una cita que me programaron hace meses con un especialista y no quería dejarla pasar, así que me armé de valor y fui.

La cita era a las 10:00 a.m., así que como mujer precavida que soy, llegué temprano a hacer mi primera fila del día para entregar mi tarjeta de citas. Para empezar llegué a un mostrador que después de perder mucho tiempo me ‘indicaron’ que no era ahí, que era en otro que estaba a unos cuatro metros. Claro, al modo de estas personas no te pueden dar información hasta que no ‘te toca’.

Bueno, de todas formas faltaba un buen rato para que iniciaran las consultas, así que me aguanté las ganas de desgreñas a la doña que me mandó a hacer otra fila. Por fin recogieron mi tarjeta y me dijeron que me llamarían.

Pasaban de las 10:00 a.m. y yo ya estaba un poco intrigada porque no veía mucho movimiento, así que con mi cara más dulce y angelical fui y pregunté que si qué pasaba, a lo que la doña, sin mirarme a la cara me dijo: “El Dr. no ha encontrado un consultorio libre y está buscando, yo les llamo cuando tenga lugar”. Le pregunté a una señora de al lado si sabía quién era el Dr. Herrera y señaló a un doctor que tenía horas platicando con un muchacho que parecía su compa. Mi paciencia cada vez iba mermando más y más.

Eran casi las 11: 00 a.m. y el doctor seguía ‘sin consultorio’, así que todos esperábamos. Por fin dijo que consultaría en la sala de hospitalizaciones. Los que escuchamos lo seguimos, los que estaban sentados no se enteraron y a las horas los vi que apenas descubrían el misterio del ‘doctor-busca-consultorios’.

Una desorganización total. No había nadie que dijera quién seguía, así que cada quien organizó las entradas como mejor les parecía y con la capacidad de ‘agandallamiento’ de la que fueran capaz.

Cuando por fin pude entrar a la consulta, prácticamente ni me senté, en menos de dos minutos ya estaba libre y con recetas y órdenes de estudio. Por supuesto que todo lo demás también fue un viacrucis: miles de filas más para conseguir sellos, firmas, medicina, etcétera. Salí del seguro casi a la 1:00 p.m., con las piernas adoloridas de bajar y subir escaleras, pero sobre todo con un desagradable concepto de las instituciones públicas. Pero esto no ha terminado: tengo cita el 4, 14 y 15 de junio para los estudios. Como si uno no tuviera cosas más divertidas que hacer…

Me quejo y me quejo… pero tendré que ir. Podré algún día no lamentar estas sitauciones? Mmm... Creo que no.



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