Diástole-Sístole

¿Y esa sonrisa de ojos?

7/8/07

Ahora una de mi abuela


Me dice César que yo exagero las historias que le cuento… Yo digo que no... que nomás le pongo emoción y un poco de salsa, pero la verdad ahí está :D

En estas vacaciones estuve en Caborca y la verdad lo disfruté mucho, pude sentir el calor que tanto añoro acá en Tijuana y pude ver, nuevamente, que Caborca sigue estando más cerca del cielo (por aquello de que las nubes casi se pueden tocar de tan gordas y bajitas).

Como casi todo el tiempo que voy a Caborca mi familia me prepara mi comida preferida: caldo de papas con queso, nopalitos con huevo o con chile colorado y, enchiladas de queso fresco. Yo con eso pudiera sobrevivir eternamente.
Después de la comida, siempre empieza la platicadera de historias conocidas, pero que siempre me divierten:


Cuenta mi abuela que hace algunos años la detuvo la border patrol cruzando ilegalmente a los Estados Unidos, ella tenía claro que si decía su nombre, perdería toda esperanza de que en algún momento pudiera tener su pasaporte, por lo que decidió cambiarse el nombre para ese aventura:

- Cuál es su nombre- le dijo el policía

- Guadalupe Pérez-Contestó ella con seguridad

- Siéntese allá ahorita le vamos a llamar- le dijo el de migración viendo a aquella anciana que parecía no quebrar un plato
Mi abuela se fue a sentar con un grupo de personas que también habían detenido por cruzar hacia el “sueño americano”. Mi abuela sólo cruzaba para comprar cosas que luego iba y revendía en el tianguis en donde era dueña de más de tres puestos y que posteriormente le servirían para comprobar que era dueña de negocio y con eso podrían sacar su pasaporte. Todo estaba calculado, menos que la agarraran cruzando y menos después de tanto tiempo de hacerlo.

-Guadalupe Pérez!, pase a firmar!- grito el oficial

Mi abuela seguía viendo como entraban y salían policías, y como había tanto paisano.

-¡Guadalupe Pérez!- insistió el oficial.

-¿No es usted Guadalupe Pérez?-le dijo una señora que estaba sentada a su lado. Mi abuela estuvo a punto de contestas que no, que su nombre era Delfina Páez, pero recordó que ese era el nombre de “supermigrante” que había tenido que dar.

-Este… ¡ah!, sí. Yo soy Guadalupe Pérez- dijo mi abuela desde su lugar y se aproximó al escritorio donde ya la esperaban impacientes.

-Firme aquí- le dijo el policía señalando una línea en donde decía su nombre de superhéroe.

Se acercó al papel y estaba a punto de escribir Delfina cuando recordó la misión de pasar desapercibida por aquellas tierras.

-No pues.. sabe qué… yo no sé firmar ni escribir-le dijo.

-Pues entonces… ponga una “Equis”-le dijo el oficial ya más impaciente.

Pero mi abuela pensó: “no pues con quién creen que están hablando.. si yo escribo una ‘equis’ ellos se van a dar cuenta que yo conozco las letras y que por lo tanto tendría que saber escribir”, así que mejor me hago que no sé.

-Una “equis”.. ¿y qué es eso?- dijo poniéndo la cara más dulce de la que es capaz de hacer una anciana de esa edad (en diciembre de este año cumple 77 añotes)

-Pues una cruz- le dijo el señor suavizando la voz y quitándole el tono regañón que venía ya aumentando de la desesperación.

-¡Ah! Una cruz, no pues esa sí la sé hacer… ¡ahí está la cruz!–le dijo, entregándole la hoja con una cruz grandota para que no hubiera duda de su amplio conocimiento en eso de hacer cruces.

Unas horas más tardes, después de un sermón oficial de que no deben de cruzar nuevamente, estaba ya en Nogales, Sonora, comiendo una nieve y esperando que mi tía saliera de comprar las cosas que también llevaría para su propio negocio y poder regresar a Caborca para contar la historia que cada año nos cuentan como si hubiera ocurrido ayer, y esperar la próxima semana para cruzar nuevamente de ilegal hasta que tuviera el pasaporte.

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